lunes, 24 de mayo de 2010

Los Paradigmas Fordista y Postfordista

Un paradigma tecnológico – productivo es una configuración económica y social, una estructura en la que interactúan un determinado contexto internacional, un modelo tecnológico, determinada escala de producción así como tipos de industrias, características de los productos y el consumo, así como de la organización del trabajo, el Rol del Estado y la organización territorial. Podríamos retomar a Marx y afirmar que estos fenómenos conforman un todo orgánico: “Una producción determinada … determina un consumo, una distribución, un intercambio determinados y relaciones recíprocas determinadas de esos diferentes momentos.” (Marx, 1857).
Desde un punto de vista histórico, se puede sostener que en los años 70 se produce un cambio de paradigma tecnológico productivo. El paradigma imperante hasta ese momento era el modelo fordista. Este surge entre los años 20 y los años 30 en Estados Unidos como respuesta a la “cuestión social”, es decir, se intenta mejorar la calidad de vida de los trabajadores en el contexto de la posibilidad de la peligrosa propagación del socialismo. En este sentido, se vincula al Estado de Bienestar o modelo keynesiano: un estado benefactor, interventor, que participa en la producción promoviendo convenios colectivos de trabajo y que brinda la infraestructura para la producción, así como seguridad social a los ciudadanos en general.
Ya Adam Smith había propuesto que la división del trabajo era el mejor método para incrementar la productividad, y vinculaba esta posibilidad con la existencia de un mercado amplio. El contexto internacional del modelo fordista no es otro que la concreción de estas propuestas: una división del trabajo a escala mundial, entre países periféricos, que producían materias primas y países centrales que producían manufacturas. Esta especialización de complementaba con el comercio de las respectivas mercancías, aprovechando las supuestas ventajas comparativas. En este marco se realizaba una producción a gran escala de productos estandarizados, uniformes, a los cuales el consumo se debía adaptar. Las fábricas, concentradas en las grandes ciudades, contaban con una tecnología apropiada al tipo de producto masivo: la línea de montaje.
La organización social englobada dentro del modelo fordista no es otra que el taylorismo. Taylor “desagregó el concepto de destreza física en dos componentes: movimientos y tiempos. Para él, la responsabilidad del obrero debe limitarse a ejecutar lo que se le instruye. Es responsabilidad del ingeniero diseñar lo que éste debe hacer y cómo debe hacerlo.” (Echeverría, 1999) El empleado debía ser poco o nada instruido, y ejecutar nada más y nada menos que la acción que le compete, en movimientos diseñados hasta la minuciosidad. La división del trabajo propuesta por Smith se lleva al interior de la fábrica, para así mejorar la productividad. Es así que además de la división del trabajo entre los obreros hay una división del trabajo manual e intelectual, que se traduce en relaciones de poder jerárquicas y rígidas al interior de la fábrica.
Este trabajador, a su vez era un consumidor de los bienes masivos (Roffman y Russo, 1994). Esa era, podemos inferir, una de las razones de su salario alto. El trabajador tenía la posibilidad de comprar aquello que producía, y esto era lo esperable.
Múltiples factores influyen en la decadencia de este paradigma: desaceleración de los incrementos en la productividad, caída de la rentabilidad debido al acrecentamiento de la relación capital – producto (Roffman y Russo, 1994). Echeverría diferencia variables externas e internas de la crisis. Como variables externas: la aceleración del cambio, la globalización de los mercados, el incremento de la competitividad y el efecto de las nuevas tecnologías. Como variables internas: cambios en el carácter del trabajo y crisis del mecanismo de regulación de trabajo.
Es así que va surgiendo, a mediados de los 70, el llamado modelo postfordista o modelo flexible. Podríamos afirmar que esta “flexibilidad” se manifiesta en distintos ámbitos del todo orgánico de este nuevo paradigma. El Estado, de ser un Estado interventor, pasa a minimizarse para dejar actuar libremente las fuerzas de un mercado supuestamente aproximado a la competencia perfecta, en consonancia con las ideas neoliberales. La flexibilización, asimismo, se da en el producto y en el consumo: ya no se consume lo que se produce, sino que se produce lo que se va a consumir. Es decir, se fabrican “tiradas cortas” para un mundo en el cual se valora el ser diferente al otro, y ese ser diferente es a través del consumo (identidad consumista). La producción no es azarosa, sino cuidadosamente estudiada en relación a su diseño, producto, materiales, población-meta, etc.
Ya no son países los que producen, sino regiones. Regiones que se interconectan entre sí en el proceso llamado “globalización”, nombre genérico que incluye devenires diferentes y contradictorios. Por ejemplo, Noemi Klein describe en “No logo” cómo las empresas de primeras marcas de países centrales tercerizan su producción hacia países periféricos donde no se ejercen los derechos humanos ni las normas medioambientales. Es así que se logran mayores ganancias, muchas de las cuales pueden invertirse en publicidad y diseño.
Esto se relaciona con lo que se ha llamado flexibilidad laboral, la cual en la práctica ha sido la desregulación del mercado de trabajo. Pese a que el desempleo es estructural a nuestro sistema económico, en la actualidad se agrava. Diversos factores contribuyen: la automatización de los procesos laborales, la inseguridad del empleo. La plusvalía que cada trabajador genera se ve potenciada por la máquina y a su vez la máquina reemplaza al trabajador.
La fábrica tiende a extinguirse y la información a ser el producto y el insumo más deseado. A la vuelta del siglo XXI, nos encontramos con una paradoja: ya no se necesita demasiado del ser humano para producir. Los beneficios de la riqueza mundial no “gotean”, todo lo contrario: generan más explotación. La mano invisible que supuestamente equilibraría todo no existe: los mercados tienen crisis cíclicas, y no son productores de igualdad.
La forma actual de organización social del trabajo genera patrones de consumo inestables en relación al paradigma fordista, los cuales a su vez influyen sobre el modo de producción.
Un ejemplo de cambio de paradigmas es el de la empresa Quilmes, cervecería argentina. De un modo de producción masivo, jerárquico, con muchos obreros y tareas manuales, se cambió a una producción informatizada, manualizada. Los trabajadores son muy pocos en relación con épocas anteriores y se los hace responsables de metas de productividad, a través de un nuevo modelo de trabajo importado de Estado Unidos (Trabajo Basado en Equipos).

Como conclusión, podemos retomar la teoría de los paradigmas de Kuhn que sostiene que los paradigmas son inconmensurables entre sí. El modelo fordista y el modelo flexible seguramente tienen una especificidad propia, conformando una estructura. Cada uno de estos modelos es un mundo gris, con sus puntos favorables y sus puntos criticables, que será necesario rever para construir un paradigma productivo que respete los derechos humanos.

Escrito por: Lic. Sofía Esmeralda Auné. Maestranda en Psicología Social Comunitaria
Referencias

-Echeverría, Rafael (1999) .La empresa emergente. Editorial Granica.

-Klein, Naomi, (2001) “NO LOGO, El Poder de las Marcas”, Paidós, Buenos Aires.

-Marx, Karl: (1857) “Introducción general a la crítica de la economía política” en Material de Sociología UBA XXI. Buenos Aires, FUBA, 2009.

-Russo, Cintia (2009): “Proceso de Trabajo y Espacio Fabril: el caso de la Cervecería y Maltería Quilmes.” En Anuario del Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, Nº 1 Año 1.

-Russo, Cintia , Rofman, Alejandro (1994): “Nuevo paradigma Tecnoeconómico y el proceso de globalización y regionalización”. En Revista Interamericana de Planificación, Ecuador.

-Smith, Adam. “Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones”.

2 comentarios:

  1. Lic,es un privilegio para mí leer sus reflexiones .La admiro mucho amiga !

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  2. Hey! Muy buen ensayo... deberías seguir adelante con este blog ;)

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